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Ukumar (breve cuento sobre las fronteras)

Este relato esta aun inconcluso, aun falta darle una version final a la segunda parte y aun queda por conocer la tercera. Disculpen las molestias... Estamos trabajando ;-)

1

Despertaba lentamente, el silencio de la noche lo aturdía con sus minúsculos detalles, constantes cuchicheos y polémicas se debatían en la noche, la vida y la muerte como dos viejas chusmas dialogaban sin descanso.

Estaba solo. Podía salir a pasear en la soledad, él estaba ajeno a la lucha de la supervivencia. La bruja bien lo había aconsejado:unos pocos trucos le bastaban para salvarse de la condena de matar para vivir y morir para que otro viva… La luna también era testigo del desaforado festín nocturno y acompañado por su vacua mirada recorrió el monte; algunos trechos con paso sigiloso, otros cruzaba izado a los gruesos bejucos que cruzaban el monte.

La poderosa paz que lo colmaba en la noche se quebraba solo cuando el espectáculo de una muerte especialmente atroz lo apabullaba, podía ser una araña paralizando a un estúpido insecto o un puma con los belfos rojos de hedionda sangre,allí despertaban sus temores, allí recordaba los relatos de la bruja:

-“Tus Muchos Padres mataron a todos nuestros hombres, te matarían a ti si pudiesen verte, solo vives porque la noche (que es tu prisión) te mantiene oculto.”-

-“Tus Muchos Padres te buscaran a través de los días para matarte y matarme a mí también ahora que soy infértil, cuando te encuentren sin remedio morirás: empalado o devorado en medio de una fiesta tal vez, además, estrellen un panal de avispas en tu rostro ciego… Tus Muchos Padres siempre buscaran durante el día…”-El Ukumar no estaba seguro de que la masacre que describía la bruja se proyectase aun sobre el frágil presente pero tampoco podía negarlo categóricamente, de vez en cuando se veían luces de hogueras sobre el monte y él se acercaba para observar los movimientos y sopesar el grado de hostilidad de los extraños en sus campamentos y, ni los ingenieros con sus planos y sus perros ni los soldados llenos de vendas infestadas ni los adelantados moribundos de sed y relucientes en sus armaduras oxidadas eran confiables: la fiebre de sus pasiones los enervaba aun en los umbrales de la muerte. Él podía acercarse y husmear sus ruinosos instrumentos, la fe que los mataba también los cegaba.

Una noche se sentó a junto a un par de adelantados que compartían entre si sueños durante su última agonía. Espantaba las moscas con su rabo para acallar el zumbido constante y allí oyó por primera vez de la Ciudad, con sus fálicos obeliscos, con sus palacios fabulosos en los que se puede obtener la fortuna coronado de luces de neón. Escuchó que los inocentes surcan anchas avenidas en automóviles brillantes que rujen rebeldes, veloces, buscando estrellarse en la nada. Escuchó y creyó en las voces menguantes de esos hombres sedientos de oro, el oro que los coronaría en la Ciudad aún más allá de la muerte.

Esperó a que apareciese la bruja y mientras ella lo despiojaba amorosamente le hizo las preguntas.

-“No creas en nada de lo que te digan los hombres alucinados.”-Respondió ella. -“Hay mucha riqueza en esta tierra pero aparece y desaparece de manera eventual y sorpresiva, Esteco fue la Ciudad ayer (o quizás mañana) y se llevó en ella a todos quienes brindaban sonrientes en su seno durante el día en que desapareció tragada por la tierra.”-

Otro día, un poco inesperadamente, sus palabras fueron diferentes: -“sos joven y no podrás evitar la sed ahora que la conoces, entonces debes irte ya. Sabes, sin embargo que aullaras de dolor hasta morir cuando el sol queme tu piel así que debes ir siempre en las sombras.”-

-“Debes esperar a que se acerque una caravana grande, la de las mulas quizás y ella te llevara sin remedio a la Ciudad, solamente preocúpate de ocultarte del sol y de Tus Muchos Padres.”-

La bruja se quedó en su choza junto a una vieja vizcacha, animal sagrado que –entre demente y frívolo- lloraba y reía ante la partida del joven.

La caravana se dirigía a la ciudad donde vendería mulas en la feria y partiría luego con cereales para exportación, uno de los encargados se persigno varias veces al descubrir –a manera de presente- un pequeño ídolo de barro: era la paga que el Ukumar ofrecía para ser llevado a su destino.

2

La noche se cerraba sobre la ciudad cuando el Ukumar despertó. Pilas de basura se levantaban a lo largo de la oscura calle, él se acercó a la más cercana y mientras elegía cuidadosamente que podía comer fue acercándose más y más a la Casa de Juego. Sus pasos agiles lo llevaban a los saltos a través de los balcones y débiles arboles de La Ciudad, su cuerpo estaba feliz de esa efímera unión que da la carrera…

(Escrito en setiembre de 2010)

Nota:

El Ukumar es un ser mítico que habita en la región del Gran Chaco. Es una especie de hombre mono que aparece y ataca esporádicamente a los incautos, puede raptar hombres o mujeres para usarlas como pareja durante su cautiverio pues su especie es constitutivamente débil y sus hijos suelen morir.
En este relato decidí hacerlo huir de la luz pero es solo una impresión personal, hasta donde se nada se sabe al respecto.
 
El Ukumar nace seguramente sobre la base del ukumari u oso de anteojos, un pequeño oso (el único plantígrado de América del Sur) que vive en el territorio del Perú. Las migraciones constantes de aborígenes y criollos en las hambrunas de los tiempos de guerra o en las de los tiempos de paz explican la llegada de ese mito al Gran Chaco. (G.M.)

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