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Mostrando las entradas de septiembre, 2011

Agradeciendo y haciendo propaganda...

Me publicaron un Cuento (Alas en la Cabeza) en una revista literaria digital.
Su link es: La Revista que Nunca Duerme... Agradezco el gesto, por demás inmerecido, pero estimulante...
La revista esta muy buena. Variadita y copada. Visiten, que vale la pena ;-)

Árbol de la Vida

Toda mi vida desee ejercer el oficio artesano de poeta. En este las palabras se enhebran como cuentas, ubicadas según su musicalidad, y así se va tejiendo verso a verso una idea que se vuelve verdadera solo por su belleza. Conquistar ese don de engaño fue todo mi afán, lo repetiré cuantas veces me lo pregunten, desde niño. Mientras atravesaba los cortos años de mi juventud la realidad pudo desencantarme y comprendí que mis delicados y falaces versos nunca verían la luz de los salones literarios donde el derecho a la palabra es un privilegio otorgado por la sangre o un caro platillo con el que pueden deleitarse las elites que conquistan, junto al ritmo de los versos, una renovadora sensación de profunda humanidad que no puede comprarse en ningún otro sitio, por exclusivo que este sea. En mi oscura búsqueda de la belleza tuve, extrañamente, certeza del instante en que elegí ese camino. Cavilé largamente sobre el principio de mi amor por las palabras. Fue en mi infancia, luego del día en q…

El Diario

El colectivo que me depositó en Bermejo estaba atestado de trabajadores que regresaban a sus pueblos de origen y rebosaba pestilente sudor. A pesar del “calor humano” en que viajábamos su interior estaba helado, por un mal funcionamiento de su refrigeración. Yo me repetía, para consolarme, que las incomodidades eran en realidad una aventura y que estaban largamente justificadas. Al descender de mi transporte los cuarenta grados centígrados del verano norteño me provocaron un pequeño mareo. Resignándome a una futura gripe, encendí un cigarrillo para distraerme y evitar maldecir a mis anfitriones y también a mí mismo por prestarme a un vía crucis de tormentos sin gloria final. Todo por vender mis libros. Cuando mi paquete de cigarrillos estaba menguando llegó un taxi que me condujo a la casa de la Presidenta de la Comisión de Damas. La mujer era una cincuentona que impresionaba por la colección de joyas que la adornaban. Ella era disciplinadamente delgada, amable pero distante. Me pregun…