En Bermejo existe, oculto tesoro de sus habitantes, un árbol que permite ganar una especie de libertad o al menos de paz. Hay, cerca de la escuela del pueblo, un árbol que arranca los recuerdos de la mente de todo aquel que pase bajo su copa y sienta, en el rostro, su fresco rocío, en los oídos su rumor de hojas de un tono bajo pero obsesivo, un murmullo como de mil lenguas que, fríamente, criticasen al vecino que pasa cerca. No es posible saber con certeza como opera el prodigio. Si es gracias al hipnótico rumor de hojas de voces ajenas y cantarinas, si es el rocío que refresca al punto de quitar todo pesar… No se sabe. La corteza del árbol tiene extraños nudos reconcentrados, como viejos tumores torturados a lo largo de su superficie que varía desde todos los matices del marrón al negro más oscuro. Es notorio que hay signos en sus hojas y tronco, que dan cuenta del extraño portento que tiene al árbol como epicentro. El árbol es añoso, largamente centenario. Es seguro que ...
Relatos por Gustavo Andrés Murillo. Ficciones y mitografías nacidas al calor de la terminal crisis del norte argentino.