Llegué a la posta ya avanzada la tarde. Me estaban esperando allí, como relevo de mi escolta, un par de guías indios, vestidos con remiendos de uniformes militares: un quepis uno, una chaqueta el otro. Ambos con cartucheras vacías y, ambos también, descalzos. Me miraban entusiasmados y esa buena voluntad se disipó en la tarde apenas les insistí en que continuásemos viaje, ya que quedaban pocas leguas hasta el Campamento. Tendían fácilmente a ignorarme y cuchichear en su lengua bárbara, tuve que esforzarme y alzar mi voz varias veces para imponerles mi autoridad. Yo no estaba dispuesto a pasar otra noche a la intemperie arriesgándome a ser comido, no ya por pumas, sino por los brutales insectos del monte. Era mi decisión que siguiésemos viaje caminando a lo largo del río hasta el campamento. La Standard pagaría por el trabajo realizado y el tiempo y la salud perdida resultaríansóloun estúpido saldo en rojo de mi parte. Aunque la noche era clara y siguiendo el río uno podía ve...
Relatos por Gustavo Andrés Murillo. Ficciones y mitografías nacidas al calor de la terminal crisis del norte argentino.