Todos lo sabemos, en este mundo no quedan más lugares fantásticos. Sobre los que han existido alguna vez, la discusión discurre en términos estrictamente históricos o literarios. Nunca se ha terminado de valorar la importancia de la geografía literaria. Quizás porque hoy estas disciplinas son patrimonio de cenáculos bastante cerrados. Profesiones que se preocupan de cuidar su patrimonio con mucho mas celo que el que destinan a acrecentarlo. Se acepta generalmente que el común denominador entre literatura y geografía maravillosas es el aventurero, el aventurero iluminado. Hay un hilo conductor entre Gilgamesh, Ulises, Jesús, Polo… la lista es mucho más larga y exótica, por supuesto, hasta morir en medio del anonimato a principios del siglo XVI, en América. Tan fácil como errado seria postular que los últimos aventureros que en este mundo han errado han sido mucho menos osados o afortunados que sus sosías del pasado clásico. Igualmente podría argüir...
Relatos por Gustavo Andrés Murillo. Ficciones y mitografías nacidas al calor de la terminal crisis del norte argentino.